Ahí estaba esa idea, esa salida con su trinquete de metal frío y oxidado, y entre cuatro paredes blancas me encontraba yo, un yo con un sentimiento adherido a mi cuerpo, un sentimiento no deseado pero real, sí, me sentía cómo un parásito, un parásito que con sus ojos buscaba y buscaba pero no encontró nada más que cuatro paredes, un parásito que al intentar escuchar no oía ni sentía nada, así era mi existencia; fría sola y sin sentido alguno.
Un día mis orejas sintieron un golpe y un calor inusual, lentamente como un despegar sentí cómo crecía un sonido y con gran vehemencia me concentre en él, ahí fue cuando sentí una voz, una voz dura y segura, atrás de ella se escuchaba a un público que aplaudía y apoyaba a todo lo que esa voz decía, vi la puerta, me acerque a ella y me di cuenta de que de ahí provenía esa voz, pegué mis oídos a la puerta, la voz hablaba de paz, igualdad y prosperidad, se escuchaban otras voces, voces que con gran esperanza se alegraban por esa voz líder pero, lentamente se fue distorsionando se empezaron a sentir quejas de otras voces que fueron creciendo de un momento a otro.
Esas voces se multiplicaron y parecían protestas gritaban ¡Corrupción! ¡Falsedad! ¡Mentira! Un golpe resonó muy fuerte en mis oídos, me asuste, se sintieron unos golpes y un sonido poco usual, venían de unas armas, sentí cómo esas voces lloraban y morían, después volví a escuchar a esa voz prometiendo y prometiendo pero cuanto más escupía palabras más gente moría y la corrupción crecía, escuche cómo algunos salían beneficiados y cómo otros se metían aprovechando la debilidad de un pueblo que apenas alcanzaba a sentirse, se escucharon después fuertes sonidos cómo bombas y los lamentos y gritos atrás.
Al final no hubo más que un silencio y me deprimí, vi cómo la falsedad de una voz tan parásita como yo, movió todo y solamente para beneficio propio mientras los que lo apoyaban sufrían y se destruían entre sí. No soporte más, mi cara estaba color verde, sentí un golpe en mi pecho que cada vez iba más rápido, me sentí débil, sentí lo que aquellas voces inocentes sintieron, y así cómo ellas yo quede pisoteado cómo el parásito que soy y así el sentimiento desapareció y con ella mi esencia.
Colaboración de Eduardo Orozco
Colombia
